domingo, 26 de noviembre de 2017

Más tecnología, menos sueño



Más tecnología, menos sueño

El mundo está durmiendo, con un poco de suerte, seis horas al día y la principal causa de este cambio de hábito es el abuso en el uso de la tecnología en el dormitorio, en particular de las pantallas: smartphones, tabletas y ordenadores portátiles.
A esta conclusión hemos llegado con el análisis de tres encuestas importantes relacionado a la duración del sueño y el uso del tiempo entre adolescentes y adultos. Dos de estas son globales: ‘Monitoring the Future’ y ‘Youth Risk Behavior Surveillance System de los Centers for Disease Control’, y la tercera realizada por EXTRA, a través de las redes sociales a sus lectores.
El promedio de horas de sueño es el mismo en las tres: 6 horas o menos. La causa también es la misma: la distracción que genera el uso de la tecnología, aunque la segunda razón y no menos grave sea laboral. Lo grave, que hay niños y adolescentes que son parte del problema.
En porcentajes, entre un 60 y 70 por ciento de las personas no descansa el número de horas; y, entre el 50 y 60 por ciento pierde horas de descanso porque se entretiene con sus móviles.
A diferencia de otros aparatos electrónicos como el televisor, las laptops, los smartphones y las tabletas son fáciles de llevar al dormitorio y de tener en la mano mientras estamos en la cama.
Las excusas son varias, entre estas que los gadgets ahora se usan como despertador. Pero la realidad es que responder mensajes de WhatsApp y, subir y bajar por las redes sociales, es emocionalmente estimulante, lo cual produce alteraciones del sueño.
Sepa que hay una respuesta fisiológica. La luz azul que emiten los móviles y las tabletas imita la luz diurna, lo cual inhibe la producción cerebral de melatonina, es decir, la hormona que nos ayuda a quedarnos dormidos y a permanecer en ese estado.
Y es que nuestro ‘ritmo circadiano’, esa especie de reloj interno con él se regulan algunas funciones del cuerpo está controlado por receptores del cerebro que responden a un estímulo muy simple: la cantidad de luz y de oscuridad que hay en el ambiente. Con esta información el cerebro sabe qué, si está iluminado, es hora de decirle al cuerpo que hay que levantarse y permanecer alerta; y si está oscuro, ya es hora de dormir. Así de simple.
Aunque pareciera un problema al que no hay que hacerle mucho caso, la falta de sueño es culpable no solo de un mal rendimiento escolar o laboral, sino de varias enfermedades desde mentales hasta cardiovasculares.

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